viernes, 11 de marzo de 2011

CORAZÓN...CORAZÓN


Hola corazones.
Hoy en corazón de invierno, os quiero presentar el regalo de ésta semana, especialmente creado en exclusiva para nuestro programa, por un ingeniero agrónomo de Manhattan. Es muy fino ¿verdad? por supuesto que tiene forma de corazón como todos nuestros objetos. Porque ¿quién no ve el corazón en ésta forma? Y es que el corazón lo ve quien quiere, en realidad...

Corazón de patata

Este ingeniero agrónomo utilizó sus propias manos para darle forma de corazón durante su crecimiento. Se mantuvo durante días arrodillado en su pequeño y fashion huerto en Central Park, solo por darnos el gusto de éste corazón de tubérculo (¡Uy! Anne que ordinaria, "por darnos el gusto", vosotros me entendéis corazones...)

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Corazón de patata por Lenore


Hoy al ir a comprar un poco de verdura, encontré ésta patata y me acorde del programa "HomoZaping" y de la fantástica imitación de Anne Igartiburu, realizada por el actor Paco León. Como me ha parecido divertido he querido compartir con vosotros este guiño y un poco de buen humor.

Feliz fin de semana.



lunes, 7 de marzo de 2011

LA MIRADA DESDE AQUEL AGUJERO ( La mirada des d'aquell forat )




Hace tiempo en un pueblo a orillas de un río, vivía María. Era una joven tímida, apocada y muy inocente. Durante su infancia alegre y despreocupada para nada daba a entender aquello en lo que poco a poco se convertiría. Al cumplir los 3 años su hasta hacía poco tranquilo hogar, se convirtió en la morada de los gritos. A María aquellos gritos la asustaban tanto que corría a refugiarse bajo la cama acurrucada en un nido de mantas y colchas que recogía de camino hacia su guarida. Al encontrarla un día su madre hecha un ovillo, la cogió en brazos dispuesta a ayudarla. La acunó y le contó un secreto, cómo hacer desaparecer aquellos gritos y a sentirse segura, regalándole mas tarde una hermosa cáscara de huevo. Aquel huevo era de un blanco reluciente y allí dentro se sentía a salvo y feliz, lo decoró con muñecas y libros, fotos de su familia y paisajes lejanos. Lo llenó de sentimientos de amor y esperanza, de planes de futuro e historias de todos los tiempos y edades. Ella lo lucía como el mas hermoso de los tesoros, sin llegar a ver cuan distinto era por fuera; lo que antaño había sido tan blanco como su interior, lucía ahora lleno de letras que formaban palabras malsonantes, sus colores eran los de la desesperación grises sucios, negros ala de cuervo, llamaradas carmesí y azules plomizos. La gente la veía pasar con aquel poco atractivo e inusual atuendo y se apartaban de ella. Aprendió a distinguir voces, conocía desde siempre la dulce voz de de su madre y sus hermanas, también la monótona de los profesores que intentaban hacerla aprender, la de sus compañeras de clase a menudo estridentes y latosas, las del recreo llenas de risas y las de la calle llenas de vida e historias, jamás le interesó ninguna. Nada le agradaba más que sentarse en medio del campo oyendo a los pájaros, el sonido del agua corriendo por las acequias y el murmullo del viento que repetía constantemente su nombre…María ven, María vuela conmigo, María…
Durante algún tiempo ese fue su principal entretenimiento, el campo y los animales. Hacía un tiempo distinguía también una voz cercana, tranquila, monótona que acabó formando parte de sus sonidos favoritos. De hecho cada tarde esperaba reconocerla entre la suave brisa y la echaba de menos cuando pasaban las horas y no aparecía. ¿Qué le habría pasado? ¿Dónde estaría? ¿Porqué no habría venido? Después se obligaba a olvidar aquella voz pensando que ésta no le pertenecía, aunque le hubiese gustado oírla pronunciar su nombre.
Y un día sucedió, mientras escuchaba el murmullo del agua, creyó escuchar su nombre entre los árboles, el viento sin duda. Poco a poco la voz se hizo mas sonora e insistente, diferente de la de la brisa amiga, prestó atención:

-   María, María ¿me estás escuchando? Soy Gabi, estoy en la clase de al lado, María…

Se oía muy cerca, notó como llamaban suavemente a su cáscara de huevo, mas tarde al no responder, la llamada se tornó insistente hasta que la cáscara crujió dejando entrar un rayo de sol a través del agujero que había quedado. La luz desapareció dejando ver un ojo de mirada limpia, que buscaba y sostenía la mirada enfurecida de María.

-  ¿Qué has hecho? La has roto, vete, mejor aun vuelve a cerrarla, tapa ese agujero.
-   No te enfades, ha sido sin querer, era vieja y frágil. Sal aquí afuera e intenta ver todo aquello que oyes. Los pájaros de diferentes colores, el agua transparente, los árboles llenos de flores y la verde hierba están esperándote.
-   No, no puede ser, desde aquí puedo imaginarlo, aquí nadie me grita ni me lastima. Además la luz es demasiado fuerte…
-   María afuera la gente grita y llora pero no es por ti. Además toda moneda tiene su cara y su cruz, si la luz es fuerte hay sombra para protegerte y si alguien intenta lastimarte, yo te ayudaré a defenderte.
-   No te creo, acabarás haciendome daño, lo se.
-   Puede ser, pero mientras tanto yo te haré fuerte, te enseñaré como vivir sin la ayuda de esa vieja cáscara y te haré sonreir de nuevo. Anda María, si no te fías de mi, mira a través del agujero, si no te gusta lo que ves prometo construirte otra nueva.

María se acercó lentamente acomodando su vista a aquella luz cegadora. Durante un par de segundos no vio nada solo luz, poco a poco se llenó de colores del cielo azul, de la hierba y los árboles, de la blanca espuma y al mirar mas fijamente descubrió un joven vestido con una camisa de un suave rojo y un pantalón de un blanco radiante, sentado en la hierba con una mano de largos dedos tendida hacia ella y una mirada llena de vida e ilusión.
La cáscara de María no pudo soportar la carga de aquella visión del mundo y explotó quedando reducida a pequeños trozos, que nunca podría volver a unir. Cogió la mano que Gabi le tendía y se sentó a su lado no sin antes guardar en su bolsillo un trozo de aquella cáscara, para poder contemplarla y recordarla cada vez que su vida quedase de nuevo sin colores.
La luz ya no le hacía daño, todo estaba en calma, en su mano estaba la de Gabi y su mente llena de sus colores. La dulce voz de Gabi resonó en sus oídos:

-   ¡Qué agradable es estar a la sombra hablando de amor!

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miércoles, 23 de febrero de 2011

NO SERÉ YO QUIEN DIGA QUE NO



Leo Delibes (Dueto de flores de Lakme)


Para nada...es sed de sexo. 
Esa necesidad que nace de repente en el interior y que va creciendo conforme el ser deseado deambula  por la casa. Lo hueles, le intuyes oyendo sus pasos de una estancia a otra, escuchas su respiración en la cámara continua, sus carraspeos, le oyes tararear una canción a lo lejos sintiéndolo como si te susurrase al oído. Mientras va calentándose tu sangre, pasan las horas y  va dejándose caer el sol lentamente en el horizonte, y en tu cuerpo por detrás del ombligo acercando sus llamas al receptáculo donde prende y lanza destellos. Su solo roce cuando pasa a tu lado te parece incitante, suave y breve, nada mas lejos de la realidad, es fortuito. Piensas en la piel tibia, aterciopelada y aromatizada con el perfume del deseo, te invade sin darte tiempo a ser racional. Ya en la madrugada deseas volar al lecho, sin siquiera haberle tocado pero con su cuerpo en la memoria, anatómico que guarda tus formas y se amolda a ellas. Te das una rápida ducha para relajarte y borrar todo rastro de memoria sexual, pero todavía conservas la infinita ansia y la sed acumulada en las últimas horas. Obligas al otro a dejar sus quehaceres y entretenimientos, acechándolo, dirigiéndolo. Le oyes levantarse...pasos, se acerca...Apaga la luz y hablamos del tiempo...(hoy no va a ser) enreda sus piernas a las tuyas (lo sabe, escucha mis silenciosas súplicas) bajas lentamente hasta mas allá de su ombligo, te entretienes...Sus manos lentamente se ciñen a tu cuerpo y te guían hasta situarte por encima de el, buscamos ambos...encontramos ambos...mi cuerpo queda completo, ya no siento sed...solamente siento y mucho... 


jueves, 10 de febrero de 2011

MI GRAN SECRETO



Tengo algo que gritarle al mundo, algo que pugna por salir aunque todavía no es el momento. He de deciros que oculto un gran secreto en mi interior. Habita en la última estancia de mi corazón entre agua de mar y arena, entre luz radiante y suave terciopelo. Así a primera vista no parece nada especial, muchos de vosotros también ocultáis vuestros secretos.
Éste secreto mio es un secreto dulce, de los que recordando revives. De los que suben lentamente desde el alma. De los que salen a través de la piel primero erizándola y después en forma de tibia caricia. De los que avanzan hasta la garganta en la que forma un nudo y de la que sin querer salen en forma de sollozo. De los que curvan los labios de forma intermitente en sonrisa y en mohín. De los que en la nariz aparecen en forma de perfume envolvente de nada en concreto sino de todo a la vez. De los que se elevan en los oídos como música celestial. De los que asoman en forma de brillo a través de los ojos para formar perlas transparentes, que lentamente caen por las arreboladas mejillas. Y de los que finalmente se elevan a través del cabello en forma de miles de pequeñas e hirientes agujas.
Es quizá por ello por lo que lo guardo para mi, es tan hermoso que no quiero compartirlo. A la vez es tan intenso y maravilloso que desearía decirlo a todo el mundo para que vieran cuan afortunada me siento.
A través de éstas palabras he intentado compartir los sentimientos que me despierta y el aspecto que tiene, que no el contenido, espero haberlo logrado. Y si habeis escuchado la música de Michael Nyman, seguro  habreis podido entender mis sensaciones y también ver una esquina de mi alma.  Por supuesto que seguirá dentro de mi y me acompañará hasta el último segundo de mi vida.
Y ahora si me disculpáis, mi gran secreto ha llegado a la garganta...




miércoles, 9 de febrero de 2011

PONTE EN MI LUGAR...



- (...) ¿Cuando te vas, no siempre te vas de safari verdad?
- No.
- Te vas para no estar aquí.
- No he querido molestarte...
- Pues lo has hecho (...)

domingo, 6 de febrero de 2011

IN-DIFERENTES





La diferencia entre la palabra adecuada y la casi correcta, es la misma que entre el rayo y la luciérnaga.

(Mark Twain)